Especiales

El defensor que derribó un avión

Rodrigo Gabriel Trigo, protagonista de esta singular historia. | 5 May 11:38
Rodrigo Gabriel Trigo, protagonista de esta singular historia.
Especiales

El defensor que derribó un avión

5 May 11:38

Por Aldo Benítez

aldo.benitez@gruponacion.com.py

Fotos Nadia Monges

nadia.monges@gruponacion.com.py

Rodrigo Gabriel Trigo está sentado en la entrada misma de una pequeña pieza ubicada entre las graderías del club General Genes, en el barrio Villamorra. En realidad, esa es su casa. Don Trigo, con su cabellera blanca, un buzo negro y los championes rotos, se muestra muy cordial cuando el equipo periodístico llega para hablar con él en el último martes de abril. Ríe cuando se le cuenta el motivo de la visita. “Sí, sé que todos quieren escuchar la historia del avionazo”, dice con una leve sonrisa.

Convertido ya en todo un símbolo del General Genes, don Trigo vive prácticamente bajo las gradas de la cancha que tiene la institución. Nació, según dijo, en 1935, en una casa ubicada en la esquina misma de las instalaciones del club. Jugó toda su vida defendiendo los colores del Genes, equipo con el cual debutó oficialmente en Primera División a los 17 años. Su puesto fue el de lateral derecho, aunque aclara que hubo partidos o temporadas en que los entrenadores lo utilizaron también por la banda izquierda.

Cuando habla de General Genes, don Trigo se emociona. Este señor, cuyas canas tienen puntas amarillentas y habla pausado, respira fútbol. La mochila de las anécdotas lo fue cargando con muchos casos, ya sea de su vida de jugador, de su vida de novio, de su vida de trabajador. Pero ninguno se puede siquiera acercar al evento que lo puso en la órbita mundial: la tarde que, de un pelotazo, derribó un pequeño avión.

Según cuenta la leyenda que recorre desde hace años los pasillos de este club, en febrero de 1957, durante un partido de fútbol, el entonces juvenil Rodrigo Trigo derribó una avioneta que pasaba sobre la cancha de un pelotazo. La pequeña aeronave, conocida como “teco teco”, era pilotada por Alfredo Lird, un dirigente del club, entrañable amigo de Trigo y que aparecía regularmente por las tardes para hacer esa acrobacia.

Existen dos versiones acerca del momento en que ocurrió el hecho. Una de ellas indica que fue durante el entretiempo de un partido entre el General Genes y Presidente Hayes. La otra señala que fue durante una práctica del plantel principal. En lo que coinciden ambos relatos con los recuerdos de don Trigo es que el balón le dio justo en el motor a la aeronave, cuya tapa cayó en la misma cancha.

Esto obligó a Lird a realizar un aterrizaje forzoso a unos 200 metros de la cancha, cerca de la entonces calle España. En aquellos tiempos, esa parte de Villamorra tenía baldíos repletos de plantas de cocoteros y mimosas (jukery), estas últimas le sirvieron como una especie de colchón a la avioneta para un mejor aterrizaje, según cuenta don Trigo.

A pesar de la buena predisposición de los funcionarios de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac) en este caso, no se encontró algún registro oficial sobre el incidente del “avionazo de Genes”. Sin embargo, es probable que el caso ni siquiera se haya denunciado, ya que no hubo heridos ni daños materiales importantes.

 

“Lo que me acuerdo muy bien es que la tapa del motor salió despedida en el momento del pelotazo y cayó justo en la cancha. Nos preocupamos por dónde terminó la avioneta, pero rápido nos avisaron que no le pasó nada a Lird ni a su ayudante”, dice don Trigo.

Los recuerdos de don Trigo a estas alturas de su vida son vagos. No recuerda con exactitud si fue en un partido de práctica o en oficial, pero lo que no olvida es el susto que se pegó al ver que la pequeña avioneta pilotada por su amigo aterrizaba de manera forzada. Don Alfredo Lird, el piloto, y el joven que lo acompañaba, no sufrieron lesiones.

“Lo que sí me acuerdo fue que el compañero de Lird estaba muy asustado. Conmigo Lird no se enojó, éramos amigos y siempre le bromeaba que en algún momento le iba a dar con un pelotazo cuando pasaba de nuevo sobre nosotros con su avioneta. El tema es que nunca pensamos que iba a suceder”, dice don Trigo.

Lird, que además de piloto era dirigente y un gran fanático del club, falleció en 1994. Según el hijo de Lird, Alfredo –lleva el mismo nombre que el papá–, durante muchos años los medios buscaron a su padre para tener la versión sobre el famoso avionazo de Genes, pero nunca quiso hablar del tema. Según dice, la razón era muy simple: su padre no quería que la historia del avión opaque la trascendencia del club, ni que todo lo que se pueda hablar sea solamente del avión.

Para Alfredo Lird, el hijo de uno de los mejores amigos de don Trigo, la situación del ex defensor es penosa, pero alega que se hace todo lo posible para ayudarlo. “Don Trigo no toma, no fuma, no es una persona violenta, es muy triste, ojalá se pueda hacer algo con él desde el Estado”, reflexiona Lird.

La impresión que da don Trigo es la de un hombre absolutamente solitario, pero no escapa a la compañía. Dice que si la gente se acerca a conversar con él, no tiene problema. De hecho, le gusta hablar. Y si es de fútbol, mejor. Eso sí, ve poco el fútbol actual. Algunas veces, cuando no hay mucha gente en la canchita de pasto sintético que tiene el Genes y se pone la TV para ver algunos partidos, entonces don Trigo se acerca, se ubica en una esquina y mira.

Si no hay fútbol, se sienta en la silla de plástico –que parece ser su única propiedad– y mira la cancha del club desde su pieza, que a pesar de ser pequeña, parece estar fría por la alta humedad que ganan todas los paredes.

Lo que más le gusta a don Trigo es escuchar su radio, que se convirtió en su única compañía desde que murió su esposa Tatita hace ya décadas. Don Trigo no sabe decir exactamente en qué año se fue su compañera de vida, pero lo cierto es que se nota que la extraña. Sus ojos brillosos al nombrarla le pusieron en evidencia. “Ella perdió un hijo, no podíamos tener otro. Intentamos, pero bueno, la vida es así”, dice don Trigo.

Sentado en las húmedas gradas del General Genes, don Trigo mira la cancha que parece traerle todos los recuerdos posibles. Los buenos y los malos. Dice que acá se crió en el barrio. Que todos los días, cuando era joven, venía a mirar partidos y luego ya empezó a entrenar y jugar.

A los 16 años, don Trigo estaba muy lejos de saber que sus días seguirían unidos al club. Sin embargo, debutar en Primera a esa edad le dio una alegría muy grande. Jugó casi 20 años, siendo siempre defensor. Ya sea por izquierda o por derecha. Tantos años de fútbol le dejaron secuelas.

Don Trigo tiene la rodilla derecha maltrecha como consecuencia de una serie de operaciones a la que se tuvo someter después de quedar fracturado en plena cancha. “Fui a buscar la pelota. Fue en el área rival, no recuerdo contra qué equipo, pero la pelota quedó ahí picando; cuando corrí para buscar, el arquero rival se tira y me hace una tijera. Me partió prácticamente la pierna”, dice don Trigo.

La recuperación llevó un largo período, ya que la primera operación no resultó como los doctores esperaban. Todo ese tiempo siguió estando en el barrio. Tras superar esta lesión, don Trigo volvió a ponerse la blanquiazul, pero ya no fue por mucho tiempo.

Entonces tuvo que buscar algún trabajo y algo que repite con insistencia es que estuvo en Buenos Aires, trabajando en un local llamado Gris San Diego, ubicado, según señala, a cuadras del Obelisco, el símbolo de la capital argentina. Estuvo en dicho lugar trabajando durante más de diez años, hasta que volvió al país. Sí, volvió a Villamorra. Volvió a su casa, el club General Genes.

 

Alfredo Lird Mesa, el piloto del avión que derribó Trigo.

“Él es un gran señor. Nunca molesta a nadie. Yo estoy hace un año como secretaria y suelo intercambiar con él algunas palabras. Todo el día está por acá, tiene sus cosas, como toda persona de edad, pero siempre está abierto para hablar, hacernos unos chistes y demás”, dice Noelia Mora, secretaria del club.

Desde hace un año que Noelia trabaja en el General Genes y conoce el día a día de don Trigo. Lamenta que no tenga un apoyo estatal, ya que por su edad, don Trigo debería acceder a la pensión como persona de tercera edad. Sin embargo, ese privilegio parece estar muy lejano para un ex futbolista.

Según el último informe de abril del Ministerio de Hacienda, 193.442 adultos mayores están dentro del programa activo de pensión alimentaria, mientras otras 421 personas fueron favorecidas con la pensión graciable.

“Yo le digo ‘tenés que ponerte bien don Trigo, afeitarte, asearte, ninguna mujer te va a mirar así’, y el me dice: ‘Mi mujer ya se fue, yo no quiero otra’”, expresa Noelia.

El club General Genes fue fundado el 17 de diciembre de 1929. El nombre fue puesto en homenaje al heroico soldado José Ignacio Genes, quien siendo capitán estuvo al mando del asalto a los acorazados brasileños Cabral y Lima Barros, en una de las acciones navales más recordadas de la Guerra de la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay) contra Paraguay. Esta actuación –en la que Genes perdió un ojo– le valió posteriormente ascender a general.

Los colores azules y blancos del club guardan relación con el sentimiento político del barrio. En los años 20, Villamorra era una barriada en la que vivían muchos liberales, por lo que el club de la zona tenía que llevar los colores que identificaban al partido liberal: el azul y blanco.

Cristian Pereira, actual presidente de General Genes, cuenta que actualmente el objetivo es hacer que el club se convierta en una opción positiva para los jóvenes del barrio y de otras comunidades. Debido a un problema con el título de propiedad del predio de toda la institución, el club ya no puede jugar los torneos de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF). Sin embargo, en su momento, General Genes supo estar en Primera División, codeándose con los grandes de nuestro fútbol.

Incluso, hasta la última parte de los años 90 jugó en las divisiones menores como la segunda y tercera de Ascenso. Finalmente, llegó su desaparición como club de fútbol por el problema documental de los títulos.

“Nosotros seguimos afiliados a la APF a través del futsal, tenemos también inferiores y desde este año integramos el fútbol femenino. Queremos ir sumando deportes, esa es mi idea. Yo quiero apuntar hacia los jóvenes”, expone Pereira.

Para Pereira, hablar de la posibilidad de volver al fútbol de Primera es muy difícil porque el problema de la titulación sigue en un pantano jurídico y sin ese requisito, es imposible obtener la afiliación de la APF para participar de sus torneos.

“El club le da todo lo que puede, que es poco en realidad. Pero es lo que está a nuestro alcance”, dice Pereira con respecto a la situación de don Trigo.

“Yo no tomo, no fumo, no molesto a nadie. Mi vida es esto que ya ven”, dice don Trigo. Pisa la pelota y hace el gesto técnico inconfundible de alguien que sabe con la redonda. Unos jóvenes se acercan para jugar un “partidito” amistoso, mientras don Trigo les observa. Se notan sus ganas de entrar a jugar. Pero a su edad, don Trigo sabe que lo suyo es mirar y quedarse.

Se queda en la soledad de su pieza pequeña, que así parece inmensa. Se queda con su radio y los recuerdos de su adorada Tatita. Se queda con su amigo Lird bajando de una avioneta que él alcanzó de un pelotazo, una tarde de 1957, en su querido General Genes.

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