Cerro Porteño goza el momento floreciente

Por Gustavo del Puerto / @gusdelpuerto

No quedan dudas que por funcionamiento y rendimiento, Cerro Porteño es el mejor equipo hoy del fútbol paraguayo. Y los ejemplos sobran para justificar el extraordinario pasar. Las 9 victorias consecutivas, los recientes triunfos frente a rivales directos en la ruta por el título contra Olimpia, Libertad y Guaraní, las nuevas marcas en las estadísticas son muestras elocuentes del floreciente momento. Se nota que el Chiqui Arce aprovechó al máximo la larga pausa a causa de la pandemia.

Logró enderezar el rumbo de un equipo que estaba lejos de la cúspide y pocos daban crédito de una recuperación, porque Cerro, antes de reforzar, prescindió de jugadores y el DT se agenció con lo que tiene para dar fortaleza y molde a la estructura táctica y de juego.

La solvencia empieza desde el arco por el seguro Popi. Patiño no solo defiende, pues con la fuerza en su pierna derecha armó jugadas de gol cruzando la pelota larga. El joven Duarte es hoy titular por méritos en la zaga central, es simple y hasta parece un experimentado. No se amilanó con delanteros de la talla de Roque, Tacuara y Bobadilla. Es más, el hincha cerrista hasta parece que se olvidó de Marcos Cáceres y Amorebieta, quienes ya están disponibles.

El Ciclón de antes tenía abundancia por adentro, incluso muchos cobraban salarios altos sin jugar, pero tenía déficit por afuera. Hoy las sociedades zonales en los extremos marcan otra diferencia. Por derecha, Espínola y Giménez, una muestra del ida y vuelta, por izquierda Arzamendia y Aquino, proyección y el toque diferente que aporta el ex Guaraní.

La actitud y el compromiso del equipo representan Cardozo Lucena y Villasanti, dos volantes centrales que recuperan la pelota por tres. No solamente son recuperadores, porque ambos tienen llegada a la puerta contraria y gol, a más del juego claro que sustentan con el balón. Otro mérito del Chiqui fue encontrar un lugar al Pachi, de mediapunta, donde se siente cómodo y hasta irradia la buena onda que es otro atributo del grupo. Por otro lado, Churin, a más de aportar goles, es el primer obrero a la hora de recuperar el balón.

El argentino es imprescindible y su ausencia se resiente. Ortigoza, de otro estilo, más de pivoteo y sin tanta movilidad tampoco tiene cabida y Haedo tendrá que esperar su oportunidad. El jugador número 12 de Cerro es Óscar Ruiz, quien no desentona cuando entra.

Muchos decían que el Ciclón iba a caer físicamente por los partidos seguidos, sin alternancia, salvo suspensiones e imprevistos. Tampoco ocurrió ese mal hasta aquí, pues mantiene la intensidad y presión alta en su andar. Hasta aquí fue Guaireña, el rival duro de roer, marcando en el medio y cerrando los costados y al cambiar derrota parcial por victoria agónica, en el recuento final son los puntos que hacen la diferencia.

Es la radiografía futbolística rápida de Cerro, que se fortaleció en todo sentido en la pausa y así sacó la mejor tajada del bajón de Olimpia y algunos errores que se pagan caro. Libertad, pese a ganar y ahora ser escolta del único líder no garantiza nada con Ramón Díaz, quien no encontró hasta aquí el equipo y una forma de jugar más convincente con un gran plantel. Y como lo de Guaraní es muy intenso y pasa mucho por lo físico, en algunos partidos, el desgaste le pasó la factura y perdió puntos ante los rivales ganables.

Chiqui dijo que no hay festejo anticipado y aún en el camino el compromiso ante Libertad, todo indica que sin relajo, Cerro Porteño empezó a acariciar el título tras ganar el clásico y así cortar también la hegemonía del tradicional rival en los últimos años por las cuatro vueltas olímpicas consecutivas.

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Tragar veneno

Por Mike Silvero - @mikeotr

Hay un sentido de comunidad alrededor del fútbol que resalta aún en época de pandemia, de crisis y de depresión como esta que vivimos. Fuimos millones frente a un televisor, pegados a una radio, o con el celular como una extensión de nuestras manos a la hora de un nuevo Cerro-Olimpia, con nuestras esperanzas, con nuestras preocupaciones, con nuestras cábalas y nuestras frustraciones.

Van 26 minutos de juego y en el barrio se escucha más fuerte que cualquier escaso festejo un “¡Kóre!” en forma de reclamo y de descarga, fue después de que Diego Churin malogre un penal. “Para mí no fue penal”, dice el mensaje vía WhatsApp que tiene como remitente a mi viejo, el tipo al que más extraño tener cerca en estas situaciones de tensión, como lo deben hacer todos los que están distanciados de sus seres queridos por estos tiempos raros.

Sé lo que intenta hacer -como cuando era chico y me ponía nervioso al borde de las lágrimas con alguna situación en contra-, darme esperanza. Su mensaje dice entre líneas “hagamos de cuenta que esto no pasó y sigamos adelante”. Todo mientras la sangre hierve y la presión se eleva al ver la reacción del arquero Aguilar ante la ejecución de ‘Diegol’. Hay más mensajes, son de grupos: “Yo le rompo la cara y me voy bien expulsado”, dice uno con el que nos identificamos -casi- todos. Pero quizás no sea la mejor opción.

Aquí podría insertarse la repetida frase de que el fútbol da revancha, pero no es lo que me viene a la cabeza, sino son otras las palabras. Es 2015 y en el desolado vestuario del Olympique de Marsella, después de una derrota ante el siempre discutido PSG, el entrenador Marcelo Bielsa les dice a sus dirigidos una frase que retumba en mi cabeza desde aquel día: “Traguen veneno, acepten la injusticia, que al final todo se equilibra”. Algunos jugadores necesitan traducción para lo que decía aquel rosarino pero el mensaje queda. No se puede cambiar lo que pasó, solo se puede intentar hacer distinto lo que venga después.

Ese Marsella no logró el título ese año y sembró todas mis dudas por un momento sobre este partido, hasta el siguiente mensaje del viejo: “¿Viste lo de Ferrari hoy? Una vergüenza”, dice, cambiando de tema, pensando en el entretiempo, sacandome una sonrisa porque me permite imaginarlo serenandome de mita’i, así como me enseñó que cuando los bebés se inquietan, hay que abrir la canilla y hacerles escuchar algo que les transmita tranquilidad y familiaridad, y que ese ruido de agua corriendo es similar a lo que oyen estando en la panza de la madre.

Poco más de una hora después, Francisco Arce -el mejor técnico del fútbol paraguayo-, se funde en un abrazo con ese 9 que vino sin mucho ruido, que lleva más de 50 goles con esta camiseta y que encontró en estos colores un amor incondicional. “Ni se habló del penal, fue un abrazo de fraternidad”, dijo el ‘Profe’ después. Claro. ¿A quién le importaría lo que sea que haya dicho el arquero rival después de una jugada en la que no tuvo participación directa? Al capitán quizás, pero ese es otro tema.

Churin es el ejemplo del tipo que traga veneno, lo ha hecho durante gran parte de su carrera. De estar predestinado desde las categorías menores de la selección argentina a ser parte de la elite de esos delanteros de área de la albiceleste, a las dificultades propias de la carrera del futbolista y tener que padecer el fútbol del durísimo ascenso del vecino país, analizar la posibilidad del retiro, reinventarse en Chile empujado por sus amigos pateando tiros libres y destapando dos claves de su juego; profesionalismo dentro y fuera de la cancha, y letalidad en el área. Una pelota afuera no iba a hacer retroceder a un tipo que con respaldo, es una bestia de esas que quedan en el imaginario del hincha que lo disfruta y más del que lo sufre.

Hay sensaciones contagiantes; el aplauso aliviado al momento del aterrizaje de un avión en Asunción, el alarido generalizado cuando vuelve la energía eléctrica después de un corte de luz en verano, y un grito de gol de Cerro Porteño. No hay nada igual, ante la imposibilidad de tener al lado alguien para los abrazos, vale la pena quedarse sin voz para arrancar la semana, con los segundos de distancia entre el que escucha por radio, el que lo ve por tele, el que tiene el lujo del HD, y el que ya empieza a gritar antes que la señal de internet le permita ver cómo las manos del intrépido portero se doblan y no pueden desviar lo suficiente la pelota. Es gol de Churín, pero se siente como un gol del pueblo. Era una bomba, iba cargada con la fuerza necesaria de quien tragó veneno y aceptó la injusticia sabiendo que la oportunidad vendría, y que al final todo se equilibraría.

El festejo queda para la foto, por lo icónico y barrial de ser el dueño de ese arco y esa pelota, pero más por cómo lo rodean sus compañeros, como aquellos amigos en Chile, el aprecio de estos hermanos que tiene ahora en Barrio Obrero.

En días de incitación a la violencia y de rumores y más rumores sobre sospechosos métodos para la obtención de cuatro títulos seguidos, que Cerro gane con un penal dudoso hubiese dado pie a mil discursos, a sermones y salmos engorrosos. Que lo haga dominando absolutamente todo el partido y sin atenuantes, lo hace más valioso. Le permite dentro de nuestra realidad sanitaria y económica a mucha gente obtener una bocanada de felicidad, un respiro, ante tanto dato negativo.

Es un partido de fútbol, no hay que olvidar, pero el desahogo y las canciones desde los patios y veredas después del 2-0 construyen la historia de lo que somos y de lo que nunca rehuimos, ser el club del Pueblo, “timbre de orgullo”, desde hace un siglo, cuando otros creían que servía para denigrar. Por vivir así como vivimos es que somos lo que somos, y porque como dijo Marco Aurelio “el verdadero modo de vengarse de un enemigo, es no parecérsele”.

Conociéndome, percibiendo la alegría a la distancia, y ante la posibilidad de algún exceso es que llega el siguiente mensaje desde mi entrañable Villa Elisa. “Partido tranquilo, tendríamos que haber liquidado en el primer tiempo ya”. “Te quiero pa, gracias por hacerme hincha de Cerro”, es la respuesta que merecía para cerrar el domingo.

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La tecnología e interpretación complican más el arbitraje

Por Gustavo del Puerto

El VAR vino para quedarse y llegó para poner justicia en el fútbol paraguayo. Y hasta aquí sí hacemos un recuento, las buenas decisiones fueron más, pero las malas también toman mayor protagonismo, sembrando dudas, polémicas y hasta desconfianza.

En algunas determinaciones polémicas e injustas se evidenciaron el mal uso de la tecnología. Sin dar tantas vueltas, la parte humana que maneja la tecnología desnudó la falta de una mejor preparación para tomar una decisión más rápida y efectiva. Se pierde una enormidad de tiempo para revisar una jugada y le saca ritmo al partido. Una demora de 4 a 5 minutos es un siglo en el fútbol moderno y más dañino si la revisión no sirvió para una corrección.

Los errores suman con el correr de las fechas del torneo Apertura, especialmente luego de la vuelta del fútbol tras el largo parate. El arbitraje paraguayo perdió crédito y los reclamos de los dirigentes no se hicieron esperar, incluso algunos piden la cabeza de Horacio Elizondo, el director de árbitros de la APF.

No todo pasa por el VAR, porque también tenemos que dentro de las reglas de juego, cada árbitro tiene su interpretación y como si todo fuera poco, al comienzo, el propio director defendió a sus pupilos, pisoteando las reglas. Como muestra un botón, el mismo Díaz de Vivar fue defendido por no repetir un penal con invasión de área y fechas después el mismo árbitro, en una acción calcada al penal para Olimpia, hizo repetir a Guaireña. Ambos hechos no tienen mucha distancia en el tiempo para un olvido, dado que se registraron tras el retorno del popular deporte en Paraguay.

Lo preocupante es que para un árbitro, una mano es penal y para otros con los mismos elementos no es. Por lo menos hay que llevar la línea arbitral hacia un acercamiento de unificar criterios. La vara alta para una tarjeta roja, tampoco es un detalle menor. Esa postura no tuvo continuidad, porque rápidamente se retrocedió a la vara más baja y hoy se amonesta por cualquier cosa.

Hay árbitros buenos en cancha, otros malos, lo mismo ocurre en el VAR, pero algunos que pintan bien como Carlos Paúl Benítez van sumando errores y su consolidación está en riesgo.

El arbitraje paraguayo está en terapia intensiva y creo que no pasa solamente por la cabeza. Un buen técnico poco milagro puede hacer sí los jugadores no son buenos y lo mismo pasa en el mundo arbitral, porque algunos son repetitivos en errores infantiles. A los buenos proyectos hay que encaminar con trabajo en campo. Hoy Eber Aquino es el mejor árbitro, otros están cerca, buen momento de Juan Gabriel Benítez, en cancha y en VAR, la dificultad de muchos, con aciertos pitando y con errores en la cabina, donde hasta aquí el más avezado es Ulises Mereles.

Abogamos por un mejor arbitraje, por la salud del campeonato para tener a un justo campeón.

El Apertura está emocionante, arriba y abajo, con un Cerro Porteño, imparable, con 6 victorias consecutivas pos parate, hoy único puntero, relegando a Olimpia al segundo lugar, con Libertad y Guaraní que no bajan de la pelea por el título.
El fútbol volvió con todo, pero el arbitraje no está a la altura y no hay mucho tiempo ni paciencia para la corrección.

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